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Las Salinas del Río o de Gusa se encuentran al pie del Risco de Famara, frente a La Graciosa. Se trata de las salinas más antiguas que han sobrevivido en Canarias. Su acondicionamiento se inició a principios del siglo XVI, en los tiempos de Sancho de Herrera, primer señor de Lanzarote, siguiendo las artes constructivas que se corresponden con la salina antigua de barro. Estuvieron funcionando hasta finales del siglo XIX en que se abandonan. En la actualidad todas las edificaciones asociadas a la labor salinera se encuentran en ruinas.
Su trazado que asemeja formas orgánicas, no solo constituye un elemento paisajístico excepcional, sino que además alberga, como ecotono singular, un área realmente importante para la avifauna y la conservación de especies propias de ambientes hipersalinos. Como paisaje, inmortalizado en las imágenes desde el Mirador del Río, es un espacio que se encuentra indisolublemente ligado a la identidad de la isla.
Los Riscos de Famara constituyen unos de los más impresionantes acantilados marinos de Canarias, un espectacular escarpe donde aflora al macizo antiguo de Lanzarote, cuyo paisaje se enriquece con el espejo multicolor de las salinas de El Río. A sus pies, se encuentran estas famosas salinas, fotografiadas en infinidad de ocasiones desde el mirador de El Río, y situadas entre la playa del Risco y la del Embarcadero, en alusión a la zona de embarque de la sal que operó durante siglos. Toda esta plataforma costera es la que se considera como ámbito de las salinas.
Las salinas se encuentran rodeadas de un valioso saladar y hacia los riscos se desenvuelve una vegetación de matorral, donde aparece la tabaiba dulce. Es preciso destacar que los acantilados de Famara a su vera son un centro genético de flora con una alta concentración de endemismos (más de 60 spp.) entre las que destaca una quincena de elementos exclusivos como una variedad de cabezuela marina. Este risco es un inmejorable refugio para la fauna autóctona (especialmente para las aves), representadas en abundantes colonias de rapaces y marinas, que aprovechan los lugares inaccesibles para nidificar. Destacan la pardela cenicienta, águila pescadora o guincho, halcón peregrino o tagorote y cernícalos. Las salinas, constituyen en este ámbito un complemento como hábitat diferenciado para especies como las limícolas, enriqueciendo aún más la singularidad y diversidad del entorno.
Cumplen en la biodiversidad un importante papel como ecotono y hábitat favorable a multitud de especies, gracias e los diferentes grados de salinidad que provoca su existencia. Este ambiente y paisaje singular puede mantenerse gracias a que estacionalmente es inundado las mareas vivas que acceden a través de tres tomaderos encajados en el frente de la playa de callaos, circunstancia que permite mantener los fondos de barro y con ello mantener las propiedades de dicha zona húmeda.