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Las salinas se construyen hacia 1940 en la costa de Guatiza por salineros procedentes de Arrecife, lugar en el que se vivía un auténtico esplendor salinero por la necesidad de abastecer a la pujante industria conservera. Se corresponden con el tipo de salina nueva de barro con forro de piedra y, como muchas de estas salinas, se desarrolla en sucesivas fases. Poseen un gran número de cocederos dispuestos en terrazas, así como varios planos de pocetas, lo que confiere al conjunto un gran atractivo arquitectónico y paisajístico, acrecentado por la calidad potencial de otros elementos edificatorios y de los característicos molinos de viento.
Se trata de una de las dos únicas salinas que aún funcionan en Lanzarote. Hasta 1984 las salinas estuvieron bien atendidas, hasta que fueron arrendadas. A partir de este momento las salinas, aún manteniéndose en producción, han entrado en un declive progresivo a causa de la falta de mantenimiento, mínimo cuidado, vertidos y desorden en el entorno.
Las salinas emergen en el plano de una costa llana volcánica con proliferación de cercados agrícolas, donde resalta la trama salinera. Para elegir su ubicación se tuvo en cuenta el comportamiento hídrico del terreno, por lo que se sitúan en un pequeño desnivel. La configuración del litoral les proporciona a las salinas una continuidad espacial hasta el mar.
El frente de las salinas se asienta sobre un cantil de coladas basálticas y de gran belleza escénica, mientras que la zona de cocederos se encuentr sobre una zona de depósitos aluviales. El entorno terrestre de las salinas se caracteriza por un matorral con tabaiba dulce, apareciendo la barrilla en las zonas de los cocederos abandonados. Próximo a ellas ha ido creciendo un núcleo poblacional de Los Cocoteros, inicialmente de carácter veraniego, pero consolidado en la actualidad como permanente. Hacia el sur y siguiendo la línea de la costa se encuentran las salinas de Tio Joaquín, abandonadas hace mucho tiempo.
Lo que llama poderosamente la atención en las salinas hoy en día es el desorden, los impactos y el nulo criterio de disposición de los vertidos, incluidos las basuras, basuras que caracterizan a la actividad. Pareciera como si la intención fuera explotar la sal con el mínimo esfuerzo y criterio hasta el colapso de la explotación. El mantenimiento de los tajos, murados y cocederos es mínimo o nulo, al igual que el de las edificaciones. A todo ello, se le suman las múltiples afecciones en el borde costero.