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Las salinas se encuentran encajadas entre dos tramas urbanas del casco urbano del pueblo de Órzona, en el Municipio de Haría, desde donde se asoma a una magnífica rasa marina, bordeada de saladares y charcos marismeños. Las noticias de su construcción datan de 1930, cuando comenzaron a construirse siguiendo el modelo lanzaroteño de salina nueva de barro con forro de piedra. Su paralización se produjo en la década de los sesenta, época en la que se inicia el declive de muchas de las salinas de la isla y de Canarias. A pesar de la protección patrimonial a la que está sujeta, el paso del tiempo va haciendo estragos acelerados sobre su trazado y elementos destacados, como el murado, el almacén de la sal y el antiguo molino.
Las salinas han ido languideciendo en un entorno que se puede calificar de excepcional por sus valores paisajísticos. Incluso la trama urbana típica de ocupación de borde costero que rodea las salinas, se encuentra impregnada con más o menos acierto del sabor del poblado marinero lanzaroteño, que combina su uso con el veraneo o la segunda residencia.
Al margen del lamentable estado de abandono de la salina y de la obra asociada, dos impactos en el frente costero llaman la atención. En primer lugar, el encaje de la escollera del puerto de Órzola, que ha dejado sin resolver su encuentro e integración paisajística con la trama urbana, dejando el tradicional paisaje de obra inacabada. El segundo impacto importante deriva del viario de nueva creación frente a las salinas que secciona su contacto con el saladar y la rasa, condenando este espacio a convertirse en un solar abandonado. De entre todas las soluciones esta era la peor posible. En este contexto, el ámbito de las salinas se correcponde con el límite de protección del BIC, que incluye los impactos mencionados.