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Pequeñas salinas, grandes en ingenio, de las que Juan Antonio de Urtusautegui decía que:
“extráese el agua del mar para un estanque, por medio de una bomba encajonada fuertemente en el agujero de una peña, que se llena en mareas vivas, y de este estanque sube por otra bomba al cocedero.”
Fueron construidas por Felipe Bueno hacia la segunda mitad del siglo XVII en el borde costero del asentamiento de Timijiraque al este de la isla de El Hierro. Estas pequeñas salinas antiguas de mortero de cal sufrieron una historia paralela a las Salinas de la Punta, ya que también fueron abandonadas a finales del siglo XVIII. Ha de resaltarse que las mencionadas bombas eran manuales y que la la tajería se situaba en un solo plano en un solo plano, estando delimitadas por un muro cortaviento al frente del mar para mejor precipitar la sal. El tiempo ya ha hecho suficientes estragos en una obra tan frágil de la que aún se mantiene el depósito, el cocedero, parte del murado derruido y los trazos enterrados de las pocetas con su trazado orgánico. Elementos todos que merecen la pena mantenerse.
Timijiraque constituye una isla baja que se desarrolla al pie de los acantilados de la Cumbrecita. Los focos eruptivos situados en la meseta de nisdafe, cuyas lavas más Recientes discurrieron por el cauce del barranco del balón, fueron los causantes de la Formación de este pequeño valle magmático. En un catil costero y sobre estas Formaciones de lava se sitúan las salinas, rodeadas en la actualidad de un pequeño Asentamiento de viviendas.
Los restos de las salinas se encuentran en un tramo de costa bien conservado, Aportando un elemento de singularidad cultural en un valioso paisaje.